
Me mata la necesidad de hacer cosas que puedan usarse, que «sean útiles» de alguna forma. Seguramente sea un tema de formación. Soy arquitecta, diseñadora, y no puedo evitar pensar en esos términos.
Empecé a hacer collares un poco porque no me gusta la joyería clásica y siempre estoy buscando algo diferente para usar; y otro poco porque me encontré con un material que me permitió pensar el problema de la escritura en otros términos.
No soy joyera. La joyería es un oficio que requiere de muchos saberes que no tengo. Tengo muchos amigos joyeros y profunda admiración por su trabajo. Un trabajo que requiere de años de práctica y experiencia. Muchos de ellos han sido muy generosos conmigo alentandome en esta búsqueda de encontrar el punto de contacto entre mi obra artística y mi trabajo como diseñadora.
En cambio, soy diseñadora y desde ese lugar puedo encontrar el camino para llevar adelante lo que tengo en la cabeza, lo que yo llamo mis «cosas». Cosa, dice el diccionario, es todo aquello que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, concreta, abstracta o virtual.
Cosa es una palabra lo suficientemente amplia para, espero, incluir todas las opciones que se me van ocurriendo mientras trabajo. Mis cosas pueden ser joyas, textiles, objetos, estampas, …, pueden pertenecer a mundos aparentemente muy diferentes entre sí, pero siempre estarán mis dibujos, mis letras, mi resistencia manuscrita. Mis cosas están entre el arte y el diseño, en el borde, donde los límites se diluyen.
